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Esta es la clave que nos da San Juan Eudes, el gran apóstol del Corazón de María, y antes San Agustín:
"María concibió primero a Cristo en su corazón por la fe, antes de concebirlo en su seno por la carne."
La imagen lo muestra literalmente:
El Corazón rojo y dorado en su pecho: No es un adorno. Es el Corazón de María. Un corazón humano, encarnado, de carne — rojo vivo — pero rodeado de oro, que significa la caridad y la gloria de Dios que lo habita.
Ese Corazón es el primer sagrario. Antes de que Jesús tuviera un cuerpo humano en su vientre, ya tenía morada en su Corazón. María dijo SÍ con todo su corazón en la Anunciación: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Ese Fiat nació de un corazón que amaba, creía y deseaba a Dios por encima de todo. Por eso Juan Eudes enseña que el Corazón de María es inseparable del Corazón de Jesús. Su Corazón es el horno donde se formó el amor a Jesús.
Por eso la figura es blanca por dentro y celeste por fuera: pureza inmaculada y cielo. Lleva el Cielo dentro.
Esta advocación es Santa María de la Peña en su misterio de la Expectación, la Virgen encinta. Notas:
Su vientre: Aunque la talla es pequeña y estilizada, la base azul y dorada y la forma abultada bajo su manto indica que está embarazada. No es solo una mujer con un corazón en el pecho, es una Madre que ya lleva al Hijo.
Sus manos abiertas: Es la actitud de ofrenda. Como en La Medalla Milagrosa, no retiene a su Hijo para sí. Lo muestra y lo entrega al mundo. Es Madre y Misionera desde el embarazo.
La Rosa de oro en su mano derecha: Es el símbolo de Jesús mismo. En la tradición, Cristo es la Rosa de Sarón. María lleva la Rosa que no se ha abierto del todo aún, porque está por nacer. También es su voto de virginidad y amor esponsal con Dios.
Toda mujer que espera un hijo primero lo ama en su corazón y luego lo lleva en su cuerpo. María hace esto de forma perfecta y redentora. Nos enseña que todo cristiano debe hacer lo mismo: concebir a Cristo en el corazón por la fe y las obras de amor, para luego darlo a luz al mundo con nuestra vida.
La Corona con piedras preciosas: Es Reina porque es Madre del Rey. Pero es una corona que parece un sagrario: roja y llena de joyas de colores. Su realeza es la del amor y del martirio del corazón. Es Reina de los Corazones.
El manto celeste bordado: Es el manto de Reina del Cielo, pero traslúcido y bordado como encaje. Deja ver el vestido blanco de su Inmaculada Concepción. Es la llena de gracia (Lc 1,28).
En resumen, esta imagen de la Gruta de Santa María de la Peña es una teología del Corazón Gestante.
No nos muestra solo a una Virgen bonita. Nos muestra el dogma: Dios quiso necesitar el Corazón de una mujer para venir al mundo. Y ese Corazón, el Inmaculado Corazón de María, sigue gestando a Cristo hoy en cada alma que, como Ella, lo recibe primero por la fe con amor.
Es por eso una imagen muy consoladora para madres embarazadas, para quienes esperan un nacimiento espiritual, y para quien quiere aprender a amar a Jesús como María lo amó: primero en el corazón.